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10.
«YO ENTIENDO
TU DOLOR»
la
promesa de dios en la
esponja
empapada de vinagre
Alabado
sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo,
el Padre de misericordia y
el Dios de toda consolación,
que nos consuela en todas
nuestras tribulaciones
para que nosotros podamos
consolar
con el consuelo que hemos
recibido de Dios a todos
los que están en tribulación.
Porque así como los
sufrimientos de Cristo
fluyeron en nuestras vidas,
así también fluye nuestra
consolación a través de
Cristo.
2
Corintios 1.3-5
Porque
el Señor consuela a su
pueblo y tendrá
compasión de los afligidos.
Isaías
49.12
Porque
no tenemos un sumo sacerdote
que no sea capaz
de simpatizar con nuestras
debilidades, sino que
tenemos uno que ha sido
tentado en todas las formas,
como nosotros, pero que no
tiene pecado.
Hebreos
4.15
Lloró
Jesús.
Juan
11.35
Has tratado alguna vez de
convencer a un ratón a que
no se preocupe? ¿Has
logrado alguna vez
tranquilizar a un roedor? Si
tu respuesta es sí,
entonces significa que eres
más sabio que yo. Porque
mis intentos fueron un
fracaso. Mis palabras
cayeron en pequeños oídos
sordos.
No
es que el animalito haya
merecido las simpatías de
alguien porque por él
Denalyn lanzó un alarido, y
por el alarido, el garaje
tembló. Y porque el garaje
tembló, yo fui arrancado de
la región de los sueños y
llamado a defender a mi
esposa y a la patria. Estaba
orgulloso de ir, de modo que
con ánimo resuelto me dirigí
al garaje.
El
ratón estaba perdido de
antemano. Sé jujitsu,
karate, tae kwan do y varias
otras… frases. Incluso he
observado algunos
comerciales sobre defensa
personal. Ese ratón se iba
a encontrar con la horma de
su zapato.
Además
de todo lo anterior, el
pobre estaba atrapado en un
contenedor de basura vacío.
¿Cómo llegó allí? Solo
él lo sabe, pero no lo
quiere decir. Lo sé porque
se lo pregunté. Su única
respuesta fue una carrera
loca alrededor de la base
del contenedor.
El
pobre estaba asustado hasta
la punta de los pelos. ¿Y
quién no habría de
estarlo? Imagínate atrapado
en un contenedor de plástico
y mirando hacia arriba solo
para ver un gran (aunque
simpático) rostro humano.
Sería suficiente para
hacerte castañetear los
dientes.
«¿Qué
vas a hacer con él?» me
preguntó Denalyn, apretándome
el brazo como para darme ánimo.
«No
te preocupes, mi amor» le
dije en un tono fanfarrón
que la hizo desfallecer y
que a John Wayne habría
llenado de celos. «Ya verás
cómo me las arreglo».
Dicho
esto, partimos el ratón, el
tarro de basura y yo hacia
un espacio vacío. «Tranquilo,
amigo. En un momento estarás
en casa». Él no escuchaba.
Cualquiera habría pensado
que nos dirigíamos al lugar
de ejecución. Si no hubiera
puesto la tapa al tarro, el
intruso habría saltado
afuera. «No te voy a hacer
daño», le expliqué. «Solo
te voy a soltar. Te metiste
en un problema, pero te voy
a librar de él».
No
se tranquilizó. No se quedó
quieto. No… bueno, no
confiaba en mí. Hasta el último
momento, cuando puse el
tarro en el suelo y quedó
libre, ¿crees que se volvió
para decir gracias? ¿Que se
le ocurrió invitarme a
comer a su casa? No.
Simplemente corrió. (¿Sería
mi imaginación o es que lo
escuché gritando: «¡Retrocedan!
¡Retrocedan! Miren que Max,
el que odia a los ratones,
está aquí!»?)
Sinceramente.
¿Qué podría haber hecho
para ganarme su confianza?
¿Aprender el idioma de los
ratones? ¿Adoptar ojos de
ratón y una cola larga? ¿Meterme
al tarro con él? Gracias,
pero no. Quiero decir, el
ratón era todo lo simpático
que quieras, pero no valía
tanto como para que yo
hiciera eso.
Aparentemente
tú y yo sí que valemos.
¿Crees
que es absurdo que un hombre
se vuelva ratón? El viaje
desde tu casa a un tarro de
basura es bastante más
corto que el camino del
cielo a la tierra. Pero Jesús
lo hizo. ¿Por qué?
Él
quiere que confiemos en Él.
Piensa
por un momento conmigo en lo
siguiente: ¿Por qué Jesús
vivió en la tierra todo el
tiempo que lo hizo? ¿No
pudo su vida haber sido más
corta? ¿Por qué no venir a
este mundo solo a morir por
nuestros pecados y luego
irse? ¿Por qué no un año
o una semana sin pecado? ¿Por
qué tuvo que vivir así
toda una vida? Tomar
nuestros pecados es una
cosa, ¿pero hacerse cargo
de nuestras quemaduras de
sol, o nuestra inflamación
de garganta? Experimentar la
muerte, sí, ¿pero tolerar
la vida? ¿Tolerar los
largos caminos, los largos días
y los malos caracteres? ¿Por
qué lo hizo?
Porque quiere que confíes
en Él.
Aun su acto final sobre la
tierra lo hizo para ganar tu
confianza.
Más tarde, sabiendo que
ya todo estaba terminado, y
que así se cumpliría la
Escritura, Jesús dijo: «Tengo
sed». Había allí un jarro
de vinagre, así es que
empaparon una esponja en
ella, pusieron la esponja en
un palo de la planta de
hisopo y la alzaron hasta
los labios de Jesús. Cuando
hubo recibido la bebida, Jesús
dijo: «Todo ha concluido».
Con eso, inclinó su cabeza
y entregó su espíritu (
Juan 19.28–30 )
Este es el
acto final de la vida de Jesús.
En la conclusión de su
composición terrenal, oímos
los ruidos que hace un
hombre sediento.
Y
a través de su sed
-mediante una esponja y un
jarro de vino barato- hace
su última petición.
«Tú
puedes confiar en mí».
Jesús.
Labios resquebrajados y boca
de algodón. Garganta tan
seca que no podía tragar y
voz tan ronca que apenas podía
hablar. Está sediento. Para
encontrar la última vez que
sus labios se humedecieron
habría que retroceder una
docena de horas, hasta la
cena en el aposento alto.
Después de haber probado
esa copa de vino, Jesús había
sido golpeado, abofeteado,
magullado y cortado. Había
llevado la cruz y cargado
los pecados y su garganta no
tenía ni un poco de líquido.
Está sediento.
¿Por
qué no hizo algo para
evitar eso? ¿No podía? ¿No
había hecho que jarros de
agua se convirtieran en
jarros de vino? ¿No hizo un
muro con las aguas del río
Jordán y dos muros con las
aguas del Mar Rojo? ¿No
hizo, con una palabra, que
dejara de llover y calmó la
tempestad? ¿No dice la
Escritura que «cambió el
desierto en estanques de
agua» ( Salmos 107.35 ), y
«la roca en fuente de aguas»?
¿No
dijo Dios «Derramaré agua
sobre el sediento» ( Isaías
44.3 )?
Entonces,
¿por qué Jesús tuvo que
soportar sed?
Mientras
nos hacemos esta pregunta,
agreguemos un poco más. ¿Por
qué se cansó en Samaria (
Juan 4.6 ), se perturbó en
Nazaret ( Marcos 6.6 ) y se
enojó en el Templo ( Juan
2.15 )? ¿Por qué se quedó
dormido en el bote en el Mar
de Galilea ( Marcos 4.38 ) y
triste ante la tumba de Lázaro
( Juan 11.35 ) y hambriento
en el desierto ( Mateo 4.2
)?
¿Por
qué? ¿Y por qué tuvo sed
en la cruz?
Él
no tenía por qué sufrir
sed. A lo menos, no al grado
que la tuvo. Seis horas
antes le habían ofrecido de
beber, pero Él lo había
rechazado.
Trajeron a Jesús al lugar
llamado Gólgota (que quiere
decir el Lugar de la
Calavera). Luego le
ofrecieron vino mezclado con
mirra, pero él no quiso
tomarlo. Y lo crucificaron.
Se repartieron sus ropas y
echaron suertes para ver qué
se llevaría cada uno (
Marcos 15.22–24 ).
Antes de
clavarle los clavos, le
ofrecieron de beber. Marcos
dice que el vino estaba
mezclado con mirra. Mateo
dice que el vino estaba
mezclado con hiel. Tanto la
mirra como la hiel tienen
propiedades sedativas que
adormecen los sentidos. Pero
Jesús los rechazó. No
quiso estar aturdido por las
drogas, optando en cambio
por sentir el sufrimiento en
toda su fuerza.
¿Por
qué? ¿Por qué tuvo que
soportar todos estos
sufrimientos? Porque sabía
que tú también habrías de
sufrirlos.
Él
sabía que tú te cansarías,
te perturbarías y te enojarías.
Él sabía que te daría sueño,
que te golpearía el pesar y
que tendrías hambre. Sabía
que tendrías que
enfrentarte al dolor. Si no
al dolor del cuerpo, al
dolor del alma… dolor
demasiado agudo para
cualquiera droga. Sabía que
estarías sediento. Si no
sed de agua, a lo menos sed
por la verdad, y la verdad
que recogemos de la imagen
de un Cristo sediento. Él
entiende.
Y
porque Él entiende, podemos
venir a Él.
¿No
nos habríamos visto
privados de Él si no
hubiese entendido? ¿No nos
alejamos de las personas
cuando no las entendemos?
Supongamos que te
encontraras muy preocupado
por tu situación
financiera. Necesitas que
algún amigo te demuestre su
aprecio y te dé algún tipo
de asesoría. ¿Buscarías
la ayuda del hijo de un
multimillonario? (Recuerda
que lo que andas buscando es
orientación, no una
limosna.) ¿Acudirías a
alguien que haya heredado
una fortuna? Probablemente,
no. ¿Por qué? Porque no te
entendería. Y no te
entendería porque nunca ha
vivido lo que tú has estado
viviendo de modo que no
puede saber cómo te
sientes.
Jesús,
sin embargo, sí ha estado y
sí lo puede hacer. Él ha
estado donde tú estás y
puede saber cómo te
sientes. Y si su vida sobre
la tierra no logra
convencerte, lo hará su
muerte en la cruz. Él
entiende la situación por
la que estás pasando.
Nuestro Señor no
simplemente se conduele o se
burla de nuestras
necesidades. Él responde «generosamente
y sin reprocharnos» (
Santiago 1.5 ). ¿Cómo
puede hacer eso? Nadie lo ha
dicho más claramente que el
autor de Hebreos:
Jesús entiende cada una
de nuestras debilidades,
porque él fue tentado en
cada aspecto en que lo somos
nosotros. ¡Pero él no pecó!
De modo que cada vez que
estemos en necesidad,
acudamos resueltamente ante
el trono de nuestro Dios
misericordioso. Allí se nos
tratará con inmerecida
amabilidad y encontraremos
la ayuda que necesitamos (
Hebreos 4.15–16 ).
¿Por qué
la garganta del cielo llegó
a estar tan seca? Para que
pudiéramos saber que Él
entiende; para que todo el
que sufre oiga la invitación:
«Confía en mí».
La
palabra confiar no
aparece en el versículo que
habla de la esponja y el
vinagre, pero encontramos
una frase que nos ayuda a
confiar. Observa la frase
antes de aquella donde Jesús
dice que tiene sed: «Para
que la Escritura se
cumpliera, Jesús dijo,
“Tengo sed”» ( Juan
19.28 ). Allí, Juan nos da
el motivo detrás de las
palabras de Jesús. Nuestro
Señor estaba preocupado por
el cumplimiento de la
Escritura. De hecho, el
cumplimiento de la Escritura
es tema recurrente en la
pasión. Fíjate en esta
lista:
La traición de Judas a
Jesús ocurrió «para hacer
realidad lo que la Escritura
decía» ( Juan 13.18 ; véase
Juan 17.12 ).
La suerte sobre la ropa
tuvo lugar «para que esta
Escritura se hiciera
realidad: “Dividieron mi
ropa entre ellos, y echaron
suerte sobre mi manto”» (
Juan 19.24 ).
A Cristo no le rompieron
las piernas «para que se
cumpliera la Escritura:
“Ni uno de sus huesos será
roto”» ( Juan 19.36 ).
El costado de Jesús fue
horadado para que se
cumpliera el pasaje que
dice: «Mirarán al que
traspasaron» ( Juan 19.37
).
Juan dice que los discípulos
quedaron atónitos al ver la
tumba vacía porque «no
entendieron la Escritura
donde dice que Jesús debía
resucitar de entre los
muertos» ( Juan 20.9 ).
¿Por qué
tanta referencia a la
Escritura? ¿Por qué, en
sus momentos finales, Jesús
estuvo decidido a cumplir la
profecía? Él sabía de
nuestras dudas. Y de
nuestras preguntas. Y como
no quería que nuestras
cabezas privaran a nuestros
corazones de su amor, usó
sus momentos finales para
ofrecer la prueba de que Él
era el Mesías. En forma
sistemática fue cumpliendo
las profecías dadas siglos
atrás.
Cada
detalle importante de la
gran tragedia se escribió
de antemano:
•
la traición por parte de un
amigo cercano ( Salmos 41.9
)
•
el abandono de los discípulos
después que lo apresaron (
Salmos 31.11 )
•
la acusación falsa ( Salmos
35.11 )
•
el silencio ante sus jueces
( Isaías 53.7 )
•
el ser hallado sin culpa (
Isaías 53.7 )
•
el ser incluido entre los
pecadores ( Isaías 53.12 )
•
su crucifixión ( Salmos
22.16 )
•
las burlas de los
espectadores ( Salmos 109.25
)
•
las mofas de los incrédulos
( Salmos 22.7–8 )
•
las suertes sobre sus ropas
( Salmos 22.18 )
•
la oración por sus enemigos
( Isaías 53.12 )
•
el abandono por parte de
Dios ( Salmos 22.1 )
•
la entrega de su espíritu
en las manos de su Padre
( Salmos 31.5 )
•
la decisión de no romperle
las piernas ( Salmos 34.20 )
•
su sepultura en la tumba de
un hombre rico ( Isaías
53.9 )
¿Sabías
tú que en su vida Cristo
cumplió 332 profecías
diferentes del Antiguo
Testamento? ¿Cuáles serían
las posibilidades matemáticas
que habría para que una
persona cumpliera todas
estas profecías durante su
vida?
(¡Es
decir, noventa y siete
ceros!) 1
¡Asombroso!
¿Por
qué Jesús proclamó su sed
desde la cruz? Para poner
una tabla más sobre aquel
puente firme por el cual
pueda pasar el incrédulo.
2 Su confesión de estar
sediento es una señal para
todos los que le buscan de
que Él es el Mesías.
Su
acto final, entonces, es una
palabra cálida para los
cautos: «Puedes confiar en
mí».
¿No
necesitamos alguien más en
quien confiar? ¿No
necesitamos para confiar a
alguien que sea más grande
que nosotros? ¿No estamos
cansados de confiar en
personas de esta tierra para
que nos entiendan? ¿No
estamos cansados de confiar
en las cosas de esta tierra
para lograr fortaleza? Un
marinero que se está
ahogando no pide ayuda a
otro marinero que se esté
ahogando. Un preso no le
ruega a otro preso que lo
deje libre. Un pordiosero no
va a pedir ayuda a otro
pordiosero. Él sabe que
necesita acudir a quien sea
más fuerte que él.
El
mensaje de Jesús a través
de la esponja empapada con
vinagre es este: Yo soy esa
persona. Confía en mí.
1
William Hendriksen, Exposición
del Evangelio según San
Juan, de Comentario
del Nuevo Testamento
(Grand Rapids: Baker
Book House, 1953), 431:
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